Mi roscón contiene sulfitos

Este año me apunté a la moda del roscón de Reyes “hazlo tú mismo”. La familia lo recibió con satisfacción, tal vez porque ignoraban, como la mayoría de los incautos consumidores de roscón,  algo “terrorífico”: contiene sulfitos. 

La Directiva Comunitaria 2003/89/CE obliga a indicar en el vino la advertencia “contiene sulfitos” en aquellos caldos con una concentración superior a 10 mg/l, es decir, en casi todos. El argumento esgrimido para tal advertencia es una posible reacción asmática en personas alérgicas. No seré yo quien defienda la inocuidad del sulfuroso, pero es innegable que el lema asusta al consumidor. Es evidente que esto a la imagen del vino, no le favorece en absoluto. Y comercialmente, no ayuda precisamente. De hecho, abundan los comentarios alarmistas al respecto.

La OMS establece un límite diario máximo de 0,7 mg/ kilo de peso. En mi caso, puedo ingerir unos 60 miligramos diarios. Supongamos que voy a tomar un vino de que tiene 32mg/l de SO2 (dosis real de un vino que me gusta). En este caso podría ingerir, sin rebasar las dosis de SO2, nada menos que 1’88 litros de ese vino, o lo que es lo mismo, 2 botellas y media al día. Que me perdonen los de la OMS, pero no me veo capaz de ingerir tal cantidad de tinto con tal de demostrar la inocuidad del SO2. Queda más que confirmado que con un consumo responsable, e incluso irresponsable, de vino no se consumen dosis de SO2 por encima de lo aconsejado por la OMS. Y salvo que seamos alérgicos, con cantidades tan bajas tampoco debemos preocuparnos demasiado.

Pasemos ahora a un alimento sano, con buena reputación, natural, que aporta mucha energía, recomendado para niños, deportistas… Estamos hablando de la fruta deshidratada. Realmente, ¿cuántas personas conocen que contiene sulfitos? Muy pocas.

Haciendo un estudio rápido por la despensa de casa encuentro tres productos que contienen fruta deshidratada: orejones de albaricoque, pasas de corinto y frutos secos con albaricoques. En el primero leo que “Contiene sulfitos”, en el segundo “Puede contener trazas de sulfitos” y en el tercero no localizo ninguna advertencia, pero encriptado en la lista de ingredientes, escrita en letra ínfima, veo “E220”. Se trata del nombre “en clave” del dióxido de azufre. Los conservantes que contienen azufre son los comprendidos entre E220 y E228. La advertencia de contiene sulfitos debe aparecer en todos aquellos alimentos con una concentración superior a 10 ppm, y sinceramente, dudo mucho de que en las pasas solamente contengan trazas.

Son muchos, y variados, los alimentos y bebidas que contienen sulfitos. Buena parte de ellos en cantidades muy superiores a las del vino. El siguiente gráfico de WineFolly es muy elocuente:

En vista de lo anterior, no alcanzo a comprender la verdadera razón por la que muchos consumidores demonicen al vino, olvidándose de los presentes en el resto de alimentos.

Y me pregunto, ¿cómo vamos a ser capaces de vender algo que el consumidor no percibe como sano? Me sorprende que el sector productor del vino no atajase cualquier duda posible, moviendo ficha y reaccionando al “contiene sulfitos” con una buena campaña de información al consumidor; que éste conozca el motivo de usar el sulfuroso como conservante, sus otras procedencias en el vino (el suelo, los procesos fermentativos, etc.), dosis máximas, su uso extendido en diferentes alimentos, etc.

Volviendo al roscón, los sulfitos, creo, se encontraban en la fruta escarchada. Y digo creo, puesto que fueron comprados a granel y aquí no hay ni lista de ingredientes, ni advertencias ni nada por el estilo. Todo un agravio comparativo para nuestro querido vino…

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