¿Quienes somos?

La historia del blanco en Rioja es  de amor y odio.

Quizás las modas, quizás las influencias   francesas, hemos ido bailando
al compás de la aburrida y triste orquesta.

blanco

No hemos tenido un carácter identitario con el blanco, relegándolo a un producto de menor calidad.

Las  influencias y las modas, caprichos del mercado o del destino, ¡vaya usted a saber!, han llegado a ser determinantes para su desarrollo.

Fuimos testigos de un hecho histórico allá por 2008, cuando el Consejo Regulador de Rioja aprobó la plantación de las variedades  autóctonas provocadas por la mutación del Tempranillo y Maturana así como castas foráneas Sauvignon blanc, Verdejo y Chardonnay.

Total que ofrecíamos un vino blanco  diferente, original y respetuoso con nuestras raíces y le ponemos los cuernos con variedades extranjeras, sólo por bailar un agarrado juntos y poder meter mano.

Ahora que parece que el mercado demanda vinos blancos más complejos y elaborados dando más importancia al terroir, en Rioja somos reacios a apostar por este tipo de elaboraciones, pese a su éxito en el pasado. ¿Donde se quedo nuestra Garnacha, nuestra Malvasía, nuestra Viura? Bien gestionadas y vinificadas pueden ofrecer un sello de identidad propio. Viura ofrece buenos envejecimientos que unidos a los toques aromáticos de la Garnacha y la acidez de la Malvasía pueden competir en los mercados, aportando no solo sabores primarios sino mayor complejidad.

Fomentando, cuidando y promocionando la viticultura de variedades propias crearemos un sello de identidad, necesario para diferenciarse de otras regiones vinícolas.

No nos deberíamos dedicar a copiar e imitar , que es lo fácil, sino trabajar en crearnos  nuestro propio sello identitario volviendo a nuestros orígenes, de donde no tendríamos que haber salido.

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