El lejano Oriente.

Por el lejano Oriente nos referimos por supuesto, al complicado país chino y lo lejano que parece llegar a conquistar su mercado con el vino español. Por ello un centenar de profesionales del sector vitivinícola se va ha reunir el próximo día 9 de abril en Logroño para analizar qué vino hacer y cómo posicionarlo en los segmentos de “alta gama” del mercado chino.

La reunión se hará con el motivo de la VI Jornada DIAM, contando con expertos, entre los que destaca la figura de Demei Li, considerado por la revista The Drink Business como uno de los diez asesores vitivinícolas más influyentes en el mundo del vino.

También se contará con Jia Peng, escritora, catadora, experta en comercio de vino en China y directora del World Wine Education en Shanghai, que hablará del mercado del lujo en China. ¿Cómo son los consumidores ricos de China? ¿Cómo posicionar una marca entre los vinos de alta gama en China?. ¿Qué características enológicas debe cumplir un vino para tener éxito en el mercado chino de alta gama? Repasará el caso de los ‘Grands Crus’ de Burdeos a través de sus modos de distribución y la historia de éxito de Chateau Lafite.

José Luis Lapuente, director general del Consejo Regulador D.O.Ca. Rioja, repasará  la evolución de Rioja en China y oportunidades de futuro, posicionamiento en el mercado, estrategia promocional. Enrique Fontana, director delegado de ICEX (Instituto de Comercio Exterior) en La Rioja hablará sobre la producción, consumo e importaciones, aspectos reglamentarios, canales de comercialización, factores de compra y perspectivas del vino en China. Para finalizar la jornada, Antonio Palacios dirigirá una cata de vinos internacionales tapados con DIAM, acompañado de Jia Peng y Demei Li que ofrecerán también sus puntos de vista.

 

 

 

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Las bodegas y sobretodo los comerciales, deben saber que China es un mercado con gran potencial, a pesar de que la cerveza es la bebida más consumida, la imagen de los vinos españoles sigue asociada a un precio bajo debido a años de presencia prácticamente de graneles, siendo reconocidas solamente dos zonas productoras: Rioja y Ribera del Duero.

El vino más valorado por los chinos es el francés, situándose España en el quinto lugar, pero en 2013, las exportaciones de vino embotellado de España a China aumentaron el 21%, situando a España como el tercer país suministrador de vino a China.

El vino tinto es el que mejor imagen da, suponiendo unas ventas del 70% del total. Las ventas del vino blanco rondan el 20% y las de rosado no llegan al 5%.

En china existen dos canales de distribución: uno normal y otro que se centra en las costumbres de los chinos. El normal sería el llamado canal visible, formado por importadores y distribuidores especializados, con experiencia en el  sector y conocimientos técnicos del vino. Y luego estaría el canal invisible, formado por empresas pertenecientes a otros sectores y que adquieren el vino con la finalidad de destinarlo al canal de regalos corporativos, y es que en China existe una fortísima cultura del regalo siendo este uno de los factores más importantes de compra y es frecuente que el cliente opte por precios más altos para demostrar su capacidad económica.

Sería inteligente basar las negociaciones de las empresas españolas en el mercado chino y con intenciones de seriedad y a largo plazo, ya que los distribuidores chinos y en general las empresas chinas no solo buscan un proveedor, sino un socio y un “amigo” ya que en cuestión de relaciones económicas los chinos tienen que confiar en ti, y así  poder estar de la mano con la china .

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Impuestos y más impuestos.

Recientemente la CECRV (Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas) a manifestado su total rechazo hacia un posible impuesto sobre el vino, recogida en el Informe de la Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Tributario Español que le fue entregado el pasado jueves al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

El informe, elaborado por un grupo de expertos presidido por el Catedrático de Hacienda Manuel Lagares y que se compone de nueve miembros, ocho economistas y un abogado, recoge una serie de recomendaciones para la reforma fiscal que está estudiando el gobierno. Entre las medidas que proponen está la de “considerar la posibilidad de establecer un impuesto a tipo muy reducido sobre el vino, como recientemente se ha hecho en Francia”, ( rasgo característico de este país, aplicar “medidas” de otros países sin tener en cuenta la realidad del propio.)

El documento incluye al vino en su apartado de propuestas sobre imposición de alcoholes.  En este marco se estima, además de la creación del impuesto, “la necesidad de proceder a un incremento progresivo de los impuestos sobre el alcohol, hasta acercarse a la media comunitaria”.   Los argumentos que el informe emplea para justificar estas medidas son esencialmente dos: la necesidad de corregir los efectos externos negativos derivados del consumo y equiparar la realidad impositiva de este producto a países de nuestro entorno, hasta alcanzar la media europea de imposición sobre el alcohol.

Estas propuestas claramente dejan a un lado la realidad que vive el sector,  cuyo pecaminoso nivel de consumo se encuentra entre los más bajos de los países vecinos, situándose por debajo de los 20 litros anuales y por persona, a pesar de que somos el país con más superficie vitícola. En cambio si miramos a Francia su nivel de consumo es de 50 litros por persona y año (ya podríamos copiarles en eso…). Claro está, no hay que obviar que la educación sobre el consumo sin excesos es la mejor vía en este ámbito.

Además, no se puede considerar el impuesto francés sobre el vino como referente para gravar el vino en España, primero por que este impuesto no tiene fines recaudatorios, sino de control y segundo porque el informe no respeta la categorización diferencial del vino ya que está considerado como alimento por la Legislación Española.

El vino se considera también parte integrante de la dieta mediterránea consumido con moderación y durante las comidas. Se trata de un producto que contribuye de forma significativa a una actividad tan importante para la economía de nuestro país como el turismo, que configura y aporta una realidad paisajística y medioambiental innegable, que fija población al medio rural y que forma parte del patrimonio cultural de nuestro país.

Teniendo en cuenta esto, un posible impuesto tendría efectos muy negativos sobre la actividad económica que comporta el vino en numerosas regiones, así como en las exportaciones del producto siendo un principal compensador del elevado déficit comercial nacional. Una merma en  las exportaciones beneficiaría a los países que compiten directamente con España dentro del sector, lo que redundaría en la caída de la actividad. Por todas estas razones, hay que posicionarse totalmente en contra de la creación de un impuesto que perjudicaría gravemente la actividad y el desarrollo de un producto que forma parte de nuestra cultura y de nuestro patrimonio y que es fuente de calidad y prestigio para nuestro país.